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La celebración en Madrid del Congreso “Católicos y vida pública” desde hoy hasta el domingo, bajo el sugerente y recapitulador lema de “Cristo, la esperanza fiable”, constituye un impulso más a favor del catolicismo social español, al poner en acto no sólo un rico caudal de ponencias y comunicaciones que iluminen, con la sabiduría de destacados especialistas, el presente de la misión de los seglares en la sociedad española, sino porque con su celebración, año tras años, ha introducido -o mejor recuperado- en la Iglesia en España la institución de los congresos como manifestación y estímulo de la vocación de presencia pública de los católicos.
Quizá haya sido este servicio, extendido ya a numerosas diócesis españolas, el más preciado y necesario de esta feliz iniciativa de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, que es lo mismo que decir la Asociación Católica de Propagandistas, ya que ofrece remedio a dos de las carencias más grandes de los católicos españoles: por una parte la falta de conciencia de una presencia pública más activa, incisiva y transformadora del hecho cristiano en la vida social, en la acción política y cultural, y por otra realizarlo de forma asociada y en comunión con los otros grupos y movimientos católicos sin entrar en la estéril confrontación de la reclamación de parcelas e identidades cuando no en la mutua exclusión.
Los congresos pueden ayudar a romper la actitud tanto de muchos católicos que, acomplejados ante las inclemencias sociales y políticas, se quedan sólo en el lamento y prefieren las puertas adentro de una religión tan privada y cómoda que no se atreven ni a imponérsela a sí mismos, como la de otros que sólo han entendido su desarrollo o crecimiento en la organización interna de la Iglesia, perpetuando así en cierta manera la tentación del clericalismo, tan dañino en el fondo como el laicismo.
Hoy, quizá más que nunca, es necesario para los católicos, en comunión con sus legítimos pastores y con ayuda de la gracia divina, vivir, personal y asociadamente, con coherencia responsable y alegre, la fe en la calle, en la vida social y política, en la familia y con los amigos, en la cultura y en el arte, en el trabajo y en la diversión. Ejercitar una religiosidad profunda y a la vez comprometida por hacer un mundo mejor y más justo; defender y proponer, especialmente en los temas más cuestionados hoy, la verdadera dignidad del ser humano, que sólo se esclarece plenamente a la luz de Jesucristo, el Verbo Encarnado. Se trata, en definitiva, de ser también católicos en público.
Las diez ediciones de los Congresos “Católicos y vida pública” han suministrado para ello, a lo largo de sus diez años de vida, un rico caudal de doctrina sobre los más variados temas de especial importancia y urgencia para la acción de los católicos hoy: desde la educación hasta la sociedad de la información, pasando por la antropología, la doctrina social de la Iglesia, la cultura, etc.
En esta línea y considerándose parte de una sociedad civil activa y responsable considero que está el trabajo inmediato de los católicos españoles incidiendo de manera especial en algunos temas como son: la afirmación inviolable de la dignidad de la persona, el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, la condición moral de la libertad, la defensa del verdadero matrimonio –el de un hombre y una mujer-, la integración de la sexualidad humana en el amor y en la familia, la defensa de la libertad religiosa, en la dimensión social de la propiedad privada y la actividad económica. En definitiva, los congresos “Católicos y vida pública”, que llevan además camino de extenderse a sectores profesionales, son todo un empeño del que tenía necesidad la Iglesia en España, una verdadera llamada a la acción. ¡Ojalá encuentre eco y respuesta!
- José María Gil Tamayo
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